La Fiesta de San Juan, un fuego que no se apaga




  
La fiesta de San Juan es una tradición muy arraigada en nuestro medio, que subsiste a pesar de todo como una de las pocas instituciones que permite reunir a la familia, compartir con los amigos y hasta conocerse entre vecinos, que aprovechan esta ocasión para quemar leña, muebles y trastos viejos recolectados a lo largo del año.

El mundo católico celebra el 24 de Junio el nacimiento de San Juan Bautista, seis meses antes que Nuestro Señor Jesús, su primo; siendo el único Santo al que se le conmemora su fiesta el día de su cumpleaños.

Esta festividad —como otras— fue traída al nuevo mundo por los españoles, quienes al llegar se percataron que en estas fechas los nativos celebraban el solsticio de invierno, tal como lo refiere Alcides D’Orbigny en sus memorias (1830); sus religiosos demasiado hábiles como para desperdiciar aquella celebración, cambiaron su sentido, haciendo reverenciar a sus imágenes en lugar de las deidades locales, sucedió así con en las fiestas de "Corpus Christi", San Antonio, San Juan, San Pedro y San Pablo, y con cada una de las festividades del catolicismo. Los indígenas sin darse cuenta reemplazaron poco a poco sus ceremonias por otras.

San Juan se caracterizó por festejarse con grandes fogatas en su víspera, vale decir el 23 de Junio. En nuestro medio la víspera de San Juan, sigue siendo conocida como la noche más fría del año y su principal protagonista es —por excelencia— el fuego, siempre ligado a esta celebración.

Antes de los cambios y prohibiciones que ha tenido esta fiesta, las verbenas bailables se organizaban en medio de la música, el baile y los tradicionales "sucumbés" y ponches de leche o guindas. La fogata se iniciaba con la quema del tradicional "muñeco de trapo" —un mameluco relleno con trapos y forrado con abrigos, chompas y con cuanta prenda vieja de vestir sirva—.

La gente acostumbraba saltar sobre las fogatas —cada vez más altas— un mínimo de tres veces; las jóvenes aprovechaban la oportunidad para cortarse mechones de cabello o lanzar papelitos de colores envueltos con los más diversos deseos —los que sólo se cumplían si son consumidos por las llamas—, en una ceremonia imposible de olvidar, principalmente para los más pequeños, que esperaban esta fecha para encender una serie de cohetillos, chispitas y estrellitas, o para enterrar entre ardientes carbones, naranjas y papas, que al cocerlas adquieren un sabor inigualable.

El término de "verbena" proviene de una antigua tradición española entre las mujeres más jóvenes, que consistía en recoger una hierba llamada "verbena" para encontrar el amor; esa misma planta es usada en Bolivia en infusión para el dolor de estómago y cólicos, de ahí que se le llame también verbena a la víspera de la fiesta de San Juan. "Esa noche, todo puede suceder", se decía.

Ahora los "hot-dogs" son el complemento de la fecha, aunque gracias a una hábil maniobra publicitaria que los posicionó desde hace no más de dos décadas, en ausencia de un plato tradicional propio de la celebración, con talismanes que curiosamente nunca tienen que ver con nuestras costumbres.

La fiesta aún sobrevive hasta nuestros días con mucha fuerza, en especial en España y varios países de Latinoamérica. Los españoles queman desde un pelele —similar a un espantapájaros—, hasta las enormes “fallas”, figuras burlescas de cartón y madera, que levantan monumentales "hogueras" al filo de la media noche, y cumplen el ritual de purificación previo al verano; es una fiesta que ha sido declarada de "Interés Turístico Internacional" por ese país. Ahora mismo, sus autoridades municipales, con mucha responsabilidad, norman esta celebración, garantizando la protección y seguridad de sus ciudadanos, quienes disfrutan de sus fogatas, hogueras, como las llaman ellos, de manera responsable, en una clara política de control medio ambiental pero con pervivencia de sus tradiciones.

Sin embargo, para muchos se ha tornado insostenible el hecho de preservar una tradición a costa de sacrificar nuestra salud; de ahí aquellas políticas locales que se atribuyen un falso liderazgo en calidad ambiental, que irónicamente sólo restringen el encendido de fogatas y fuegos artificiales en estos días, instituyendo la hipocresía de la autoridad que aparece sólo en estas fechas a apagar unas cuantas fogatas y que sabe a cuento, encubriendo la ausencia de una verdadera estrategia ambiental. Ojo que no se trata de minimizar los planes de control que pretenden evitar la quema de contaminantes, restricciones de la autoridad competente que son plausibles desde todo punto de vista porque precautelan daños en el medio ambiente.

Con todo, esperemos que esta noche, víspera de San Juan, se lleve todo lo malo y nos traiga mejores días.

Javier Escalier Orihuela es Jefe de la Unidad de Coordinación de Consejos Departamentales de Cultura del Ministerio de Culturas y Turismo



 


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