La Alasita es de Bolivia ¡Nos vemos en la Unesco!





Nuevamente Bolivia es víctima de la apropiación indebida de nuestros símbolos culturales identitarios, en una escalada inmoral de apropiación sistemática por parte de un país vecino. Se trata de la reciente difusión del gobierno peruano, quien a través de su Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR) y Consejo Directivo de PROMPERÚ, cuya titular es Magali Silva Velarde-Álvarez, han iniciado la campaña de promoción turística Marca Perú “Más peruano que…” publicando muy sueltos de cuerpo: Más peruano que el Ekeko, atribuyéndolo como suyo. 

Esta publicación presenta a nuestro Ekeko con colores vivos, empuñando un corazón y una zampoña, junto a un billete de un dólar americano. —Al menos hubiera sido un billete peruano—. 

Lo curioso de este hecho es que esta publicación aparece justo cuando el Ministerio de Cultura de nuestro país, junto a la Secretaría Municipal de Cultura de la ciudad de La Paz, a principios de este año, han promovido la campaña “Yo apoyo a mi Alasita”, que en poco tiempo ha logrado reunir más de 10.000 firmas de la ciudadanía, que han sido enviadas a las oficinas de la Unesco con Sede en Francia, apoyando a la Carpeta de postulación para la Declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad a la Alasita el pasado mes de Marzo. 



La ritualidad al Ekeko y a la illa, se remonta a la época prehispánica; la llegada de los españoles y su afán por extirpar idolatrías, obliga a practicarla de manera clandestina hasta el siglo XVIII, con el fin del Cerco indígena aymara a la ciudad de La Paz en 1781, la Fiesta de la Alasita (comprame) se valida y visibiliza, caracterizándose por la adquisición de illas o miniaturas, como vínculo para que los anhelos y deseos se hagan realidad, una manera de prosperidad y de vivir bien.



Desde entonces la ciudad de La Paz, adopta a una nueva representación del Ekeko, con un vestuario acorde a la época: un cholo blancón, de bigotes, ataviado con un traje muy cortito, un minúsculo pantalón de “bayeta de tierra”, sostenido por una ancha faja de aguayo alrededor de su gordura; su esencia indígena la remarca en el “lluch’u” multicolor, bajo un diminuto sombrero borsalino, calzando además sus inseparables “abarcas”, —ya que nunca se acostumbró a usar zapatos—. Destaca sin duda la gran carga que lleva sobre sí, todo en pequeñito, que representan los anhelos de bienestar y prosperidad para el que lo lleva.




En los siglos XVIII y XIX esta fiesta ritual adquiere una característica única, que históricamente se gesta en la ciudad de La Paz, exactamente a las 12 del mediodía del 24 de Enero de cada año, se produce un verdadero diálogo intercultural, cuando la ciudadanía alejada de todo vestigio de discriminación y exclusión social, adquiere simbólicamente los objetos anhelados, materializados en los tradicionales billetitos del Banco de la Fortuna, casas, autos y enseres de la canasta familiar confeccionados artesanalmente en miniatura, con la esperanza que lo adquirido se haga realidad en el transcurso del año.



Eventualmente han ido apareciendo objetos en miniatura propios de los nuevos tiempos y avances tecnológicos, por ejemplo el Ekeko lleva en su carga hoy en día vehículos 4x4, así como computadoras portátiles, televisores de pantalla plana y celulares de última generación, manteniéndolo vigente en el tiempo.



El Ekeko trae consigo una enorme carga de identidad única y muy paceña…, muy boliviana, por lo que ha causado malestar los últimos días su aparición promoviendo turísticamente a otro país, una actitud deliberada que no hace más que generar confusión y enfrentamiento a través de las redes sociales entre hermanos.



El argumento que se repite de forma recurrente y con el que se pretende callar cualquier reclamo es sin duda el que la cultura no conoce de fronteras, o que somos una misma nación dividida por la geografía política; sin embargo esto no es del todo cierto. Cada región y cada país cuenta con rasgos culturales muy particulares que lo diferencia de los demás, en nuestro caso, aunque haya sido conocida como Alto Perú, Bolivia nunca tuvo rasgos compartidos con el país en cuestión, salvo geográficamente por el Lago Titicaca, o en temas de historia, por la Confederación Perú-Boliviana que duró tan sólo tres años, de 1836 a 1839 y cuyo Presidente fue el Mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz. Si así fuera, la Marinera y la danza de las Tijeras, el ceviche, la papa a la Huancaína y Machu Picchu aparecerían en las postales como parte de nuestra identidad.



Bolivia ha protegido a la Alasita en varias medidas jurídicas de Declaratorias de Patrimonio Cultural e Intangible: de parte del Congreso Nacional de Bolivia, mediante Decreto promulgado el año 2003; del Gobierno Municipal de la ciudad de La Paz, Ordenanza Nº.084/98 HAM – HCM 075/98; y del Gobierno Municipal de la Ciudad de El Alto del Departamento de La Paz, Ordenanza Nº.057/2010. Declaratorias que tienen el objetivo de tomar medidas de preservación, promoción y defensa del patrimonio cultural de la Alasita.



Las cartas están echadas, Bolivia no necesita adueñarse de lo que tengan otras naciones, porque transpira identidad propia, habrá que esperar los argumentos que generen los dos países limítrofes y seguramente cada uno mostrará lo que tiene: tradición oral, amplia bibliografía, imágenes de respaldo antiguas, actuales…, en fin.



Sin embargo el Ekeko ha salido victorioso una vez más; la publicación que salió en el portal de Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú para su campaña: Más peruano que el Ekeko, ha sido retirada ante la rápida reacción de nuestro Ministro de Cultura; a la par que se ha evidenciado negligencia en otras autoridades locales, sin brújula, qué públicamente han desestimado la denuncia. La actitud de la prensa es de encomiar, principalmente del periódico La Razón que ha hecho seguimiento diario a la noticia. 

Se ha ganado una pequeña batalla en tan sólo tres días, falta encarar la madre de las batallas. Como diría el Canciller chileno Heraldo Muñoz, si hubiesen usurpado de manera ilegítima a la cultura de su nación: ¡Nos vemos en la UNESCO!



Javier Escalier Orihuela ha sido Oficial Mayor de Culturas de la ciudad de La Paz y en la actualidad trabaja en el Ministerio de Culturas y Turismo de Bolivia
 

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